13 enero 2007

Trepanaciones

Puede que me sienta un pelín abuelita escribiendo esto... pero es que tras leer la crónica de la primera representación de la ópera Wozzeck, de Alan Berg, en el Teatro Real, me he preguntado si el arte precisa trepanaciones para ser más arte. Vómitos, vísceras y demás familia se vieron ayer en escena en el montaje de Calixto Bieito. Cuenta el crítico de El País que mucha gente abandonó la sala, y reconozco que yo hubiese sido una de ellas, probablemente con arcadas. Esta historia me recuerda a aquella ópera que querían montar en Alemania en la que aparecían las cabezas de Cristo, Mahoma y Buda, y a muchas otras expresiones artísticas que buscan el rechazo visual para transmitir su mensaje. Sinceramente, no soy ninguna experta en arte y, a la vista de estas nuevas tendencias, sé que nunca lo seré. Tan sólo me pregunto si tanta paranfernalia no es sino un método de provocación para ganar espectadores, porque pienso que el arte en sí no necesita tantas vestiduras. Seguramente los críticos dirán que el de Bieito es un montaje excepcional. Afortunadamente, los críticos y yo caminamos por sendas diferentes...

3 Comments:

Anónimo said...

Cada uno en su arte nos pretende mostrar lo que lleva dentro. Simplemente no nos gusta esta gente, pero entre ellos se adulan.

Wilde said...

Opino idéntico y en las mismas circunstacias. Poseo gran ignorancia técnica en cuanto al arte, y cuando leo a un crítico casi siempre me digo, pues no estoy de acuerdo. Será que no lo entiendo. Pero como ser humano puedo decir que ver una imitación de un vómito es asqueroso. Supongo que todo es culpa del mundo comercial, parece que todo tiene que ser escándaloso para captar la atención. Tiempos muy mediocres sin duda. Yo fui a ver hace tiempo la obra de teatro de "El retrato de Dorian Gray" y sali fascinado, la escribió un tipo en el siglo XIX. Está todo inventado, sin duda.

Una mujer desesperada said...

En realidad, pienso que esta tendencia del arte, sobre todo plástico, a exigir en el espectador una formación muy elevada para admirar la obra, es injusta. El arte debe hacerte vibrar, sentir, o pensar. Claro que quizá para mucha gente esa escena de vómitos y trepanaciones sea sublime, nunca se sabe...