11 febrero 2007

Tarde surrealista

Mi coche ha decidido que su lifting sea duradero. Ha dejado de funcionar. Eso sí, el reloj sigue marcando la una. No arranca, pero mantiene su orgullo. Esto ha sucedido media hora después de que un perro de unos treinta kilos saltase una verja de casi dos metros de altura para montar a una de mis dos perras en celo. Bien, superado el impacto de ver a un extraño en casa, intenté comprender que para el pobre perro dos hembras en celo a veinte metros tienen que ser algo superior a sus fuerzas. Espero que una inyección baste para impedir que lola se quede preñada. Después de digerir el polvo acelerado que se marcó con sus nueve añitos, pensé que la vida animal no difiere tanto de la humana. Si se quedase preñada, ella (y nosotros) cargaríamos con la camada. El macho (y sus dueños) se lavarían las manos.

7 Comments:

Kurtz said...

Pues sí, la vida animal y la vida humana son más parecidas de lo que nos gustaría.
Saludos.

Wilde said...

Joer! menudo violador!

Una mujer desesperada said...

exacto, ja ja ja ja, menudo violador. aunque debo confesar que la violada estaba de lo más encantada

Komo said...

Qué cosas xD

Por cierto me ha gustado la discusión en el hilo de Oleguer, ya te he respondido pero hoy, por compasión, no me hagas mucho caso.

Una mujer desesperada said...

te acabo de contestar en tu blog!!!! tampoco tú me hagas mucho caso, ja ja ja

Goldfinger said...

Genial post, si señor.

No esperaba tu reflexión final, sublime.

Saludos

Una mujer desesperada said...

ja ja ja ja gracias, eres un sol