27 diciembre 2006

Raskolnikov

Venía a casa escuchando la radio y Juan Cruz y Almudena Grandes hablaban de Crimen y castigo, de Dostoievski, una de mis novelas favoritas. Me encantó escucharles, me sorprendió la reflexión de Juan Cruz lamentando haber leído estos grandes clásicos en la adolescencia, suspirando por haber podido leerlo de adulto por primera vez. Coincido con Cruz en que quizá con 17 años no captas toda la esencia de este novelón del XIX, pero disiento en lamentar haberlo leído la primera vez tan joven. Todo lo que leí en esos años de adolescente permanece en mi memoria, como una marca de agua, porque es cuando tu mente es más permeable y absorbe todo lo que encuentra. Releí Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov hace muy poco. Había olvidado algunas escenas, algunos detalles, pero las dos historias permanecían en mi memoria nítidas, con toda su crudeza. Pero sí, leerlas de adulta es muy diferente. Me di cuenta de que Crimen y castigo es la novela en que el abyecto Raskolnikov inventó el concepto de culpa para la sociedad moderna. Pero, tanto de adolescente como ahora, de adulta, reconozco que llega un momento en que la culpa de Raskolnikov llega a darme lástima. Como si fuese mía. Si no lo habéis leido, corred a la biblioteca.

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