27 diciembre 2006

Comer

Los periódicos se llenan esta mañana de hamburguesas gigantes y Burger King ofrece colaboración a la ministra Elena Salgado. En una esquina del mundo, en Galicia, un juez ha ordenado alimentar contra su voluntad a una mujer, enferma de anorexia, que pesa menos de 30 kilos. Esta mujer no es joven, ni adolescente. Tiene 50 años y la enfermedad la devora igualmente. Los jueces nunca tienen claro si es lícito imponer la alimentación a un anoréxico, ya que esta decisión puede vulnerar algunos de sus derechos fundamentales. Sinceramente, creo que el derecho a una vida digna debe prevalecer. ¿Qué puede haber llevado a una mujer madura a dejarse enloquecer por la enfermedad del hambre? Quizá perdió su trabajo, quizá su marido la dejó, después de décadas, por una más joven y más delgada. Quién sabe. Puede que en sus noches de angustia culpase a su cuerpo de todas sus soledades. Nadie puede estar dentro de la mente de un anoréxico, porque una mente normal es incapaz de tomar decisiones como las que ellos toman. Pero quizá esta mujer, madura, sea el mejor ejemplo de lo enferma que está nuestra sociedad desarrollada, en la que el cuerpo, un buen cuerpo, prevalece ante cualquier otra cosa.
Foto: Pablo Martínez

1 Comment:

Wilde said...

Si, he visto hoy la noticia. Tremenda. La sociedad no entiende de problemas psicológicos, ese es el problema real pienso. Estos problemas existen y cada vez más. Volvernos locos no es una salida tan extraña. Tal y como vamos, sería incluso normal.

Con respecto a lo de imponerle alimentación forzada, pienso como tú, una vida debe estar por encima de incluso los derechos individuales.

1 saludo...