24 octubre 2006

Fuerza

Hay una chica en una de las piscinas que frecuento que tendrá más o menos mi edad, treinta y tantos, es delgada, fibrosa, y nada muy muy despacio. Me fijé en ella por casualidad, porque en realidad en la piscina no eliges calle para nadar, eliges compañero de calle, y los que nadan muy deespacio nunca son buenos compañeros. Así que en varias ocasiones la deseché mentalmente como compañera de calle. Hace una semana, sin embargo, fue la mejor opción, ya que en el resto de las calles había dos nadadores o eran ancianas más lentas que ella. Así que nadamos juntas casi una hora. En uno de mis descansos ella estaba parada. Se paraba mucho, me di cuenta, y nadaba tan tan despacito que me pregunté si tendría algún problema. Y lo tiene. Fibromialgia. Mientras me lo contaba me arrepentí cien mil veces de todos esos momentos en que me quejo por gilipolleces. La fibromialgia es una enfermedad terrible, sin cura, que convierte casi en inválidos a quienes la padecen, a fuerza de causarle dolores insoportables sin motivo aparente. Y esa chica, que hasta hace unos años era una deportista incansable, se descubrió de pronto postrada en cama, sin futuro. Hasta que un médico le recomendó nadar. "Los primeros días lloraba de dolor", me contó. Pero siguió nadando. Ahora va casi todos los días y aunque sigue sufriendo una enfermedad terrible, su calidad de vida ha mejorado. Ya no vive en cama, puede salir. "No puedo hacer planes, nunca sé cómo estaré dentro de dos días", me explicaba, "pero ahora tengo muchos más días buenos que antes de empezar a nadar". Gente como ella nunca sale en los periódicos, aunque es probablemente la heroína más grande que he conocido.

1 Comment:

Wilde said...

La verdad es que es increíble lo injusta que puede ser la vida, a veces. Hablamos de los pbs de este terrorífico mundo y a lo mejor nuestro vecino esta pasando por ese mismo terrorífico mundo. Me ha impactado tu historia. Un diez para ella. Ojala se mejore. Ojala!...